CIUDAD DEL VATICANO, 25 feb (ZENIT).- Hoy ha sido el gran día
de la
Iglesia católica en Egipto. Todos juntos, obispos, sacerdotes,
miembros de
las comunidades de los siete ritos que componen esta Iglesia, venidos
de
todos los rincones del país, desde el Delta hasta el Alto Egipto,
afrontando interminables viajes en autobús durante toda la noche,
se
reunieron esta mañana para participar en la Misa celebrada por
Juan Pablo
II en su segundo día en tierras egipcias. Entre ellos se encontraban
también --y se hicieron escuchar con sus típicos cantos--
los cristianos
sudaneses que han encontrado refugio en Egipto ante la política
de
islamización impuesta por el régimen de Jartum.
Por primera vez en este país se ha celebrado una Eucaristía
masiva fuera de
una Iglesia, en un lugar público. En el inmenso espacio circular
del
Palacio de los Deportes, puesto a disposición gratuitamente
por el
gobierno, se reunieron 20 mil fieles católicos. En todo el país,
su número
es diez veces mayor. El entusiasmo a la llegada del pontífice
era
indescriptible. La liturgia de la Misa no podía ser otra: la
de la Sagrada
Familia. El encuentro fue un redescubrimiento del camino recorrido
por el
antiguo Israel desde la esclavitud hasta la libertad; de la análoga
senda
atravesada por Jesús quien pasó de Egipto a Jerusalén
para cumplir la
Pascua de la Nueva Alianza. Por último, el Papa peregrino afrontó
también
en la homilía el recorrió por el que Dios quiere guiar
al hombre
mostrándole el significado y el valor de su Alianza.
La Alianza
«Qué bella es esta alianza», exclamó el Papa
conmovido. «Nos muestra que
Dios no deja de dirigirse al hombre para comunicarle la vida en abundancia.
Nos pone en presencia de Dios, convirtiéndose en la expresión
de su
profundo amor por su pueblo. Invita al hombre a dirigirse a Dios y
a
dejarse llevar por su amor y a realizar la aspiración a la felicidad
que
lleva en sí. Si acogemos con el espíritu de las tablas
de los diez
mandamientos, viviremos plenamente de la ley que Dios ha puesto en
nuestros
corazones y participaremos en la salvación que ha revelado la
Alianza del
Monte Sinaí entre Dios y su pueblo y que el Hijo de Dios nos
ofrece».
Otro de los temas de los que quiso hablar el Papa a los católicos
de Egipto
fue el de la unidad de los cristianos. Se dijo convencido de que el
diálogo
y la cercanía contribuirán a encontrar soluciones a los
problemas que hoy
día siguen obstaculizando la comunión plena.
Diálogo con el Islam
En un país en el que el 94 por ciento de la población
es musulmana y en el
que en algunas regiones o sectores de la vida social los cristianos
sienten
el peso de la marginación, el Papa insistió también
en la necesidad de
promover relaciones de amistad con los musulmanes e invitó a
todos a
colaborar por la construcción y el desarrollo del país.
Pero esto supone el
reconocimiento de los derechos de todos, también de las comunidades
minoritarias. «Para realizar este trabajo común --explicó--
que tiene que
acercar a los miembros de una misma nación, es necesario que
todos,
cristianos y musulmanes, en el respeto de las diferentes opiniones
religiosas, pongan sus competencias al servicio de la colectividad
a todos
los niveles de la vida social».
El colorido de la fe
La liturgia fue sumamente variada y festiva, con cantos característicos
de
los diferentes ritos --copto, griego, maronita, melkita, sirio, armenio,
latino--. Las ofrendas fueron particularmente expresivas: los egipcios,
ofrecieron dátiles, algodón, caña de azúcar,
palomas en signo de paz; los
prófugos sudaneses un tazón, en signo de comunión,
y un huevo de avestruz,
símbolo de la fecundidad. Esta comunidad de prófugos
ruandeses se está
haciendo cada vez más numerosa aquí, en el Cairo. Muchos
de ellos
recordaron la escala que realizó hace unos años Juan
Pablo II a quien ha
visto siempre como el «amigo» que ha dado voz a sus sufrimientos
y
esclavitudes.
De hecho, al final de la Misa, el Papa les dirigió un particular
saludo.
Pero su pensamiento fue también a otros países africanos
que atraviesan en
estos días situaciones dramáticas, como Mozambique, destrozado
por las
inundaciones para el que pidió la solidaridad de la comunidad
internacional, o Nigeria, ensangrentada por los conflictos entre cristianos
y musulmanes en Kaduna. «He sabido con dolor --dijo el Santo
Padre-- que en
Nigeria un grave foco de tensión ha causado muchos muertos.
Deploro todo
tipo de violencia y rezo para que todos los habitantes de este país
vivan
en fraternidad, fundada en el respeto de la persona y en su libertad
religiosa. Estos valores son los únicos que pueden abrir un
futuro a la
nación nigeriana».
Pero El Cairo hoy respiró una atmósfera de fiesta. Fiesta
para la Iglesia
católica en Egipto y para todos los habitantes del país.
Mañana el Papa irá
al Monte Sinaí, la montaña del encuentro y del pacto
con Dios, con los
hermanos, con la humanidad entera. El pontífice concluyó
su homilía con
estas palabras: «¡Que todo hombre pueda escuchar la llamada
del Dios de la
alianza y de descubrir la alegría de ser su hijo!»
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EL DIALOGO, EL GRAN TEMA DE LOS DOS PRIMEROS DIAS DEL PAPA EN EGIPTO
Propone discutir las formas del ejercicio del ministerio del obispo
de Roma
CIUDAD DEL VATICANO, 25 feb (ZENIT).- El viaje de la alianza. Es sin
duda
la mejor definición para describir la primera visita de un pontífice
a
Egipto. Y no sólo porque Juan Pablo II ha venido a la tierra
de los
faraones para visitar el Monte de los diez mandamientos, sino también
porque las grandes citas del Papa en El Cairo han girado en torno a
la
alianza entre los hombres, el diálogo entre el Islam y el cristianismo,
así
como entre los mismos cristianos separados por confesiones diferentes.
En la tarde de hoy tuvo lugar uno de esos momentos simbólicos
que
caracterizan los viajes internacionales de este pontífice: el
encuentro
ecuménico en la nueva catedral de Nuestra Señora de Egipto
en El Cairo.
Junto al sucesor del apóstol Pedro, se encontraban presentes
los líderes de
las Iglesias no católicas, encabezados por el Papa Shenouda
III, patriarca
los copto-ortodoxos, la confesión cristiana más numerosa
del país. De los
seis millones de cristianos egipcios, la inmensa mayoría pertenecen
a la
Iglesia ortodoxa, la sucesora de la sede de Alejandría que se
separó de
Roma en el Concilio de Calcedonia en el año 451. Los católicos
son apenas
200 mil.
El primado del Papa
Dado que uno de los argumentos que todavía hoy separan a los
católicos de
los ortodoxos es la concepción del primado del Papa, Juan Pablo
II en este
encuentro ha sido muy claro y directo. Aseguró que «lo
que está relacionado
con la unidad de todas las comunidades cristianas forma parte
explícitamente de las preocupaciones del primado del obispo
de Roma». Y
renovó la propuesta que hizo en su encíclica sobre el
ecumenismo (la «Ut
unum sint») a «todos los responsables eclesiales a sus
teólogos a instaurar
un diálogo fraterno, paciente, en el que podamos escucharnos
más allá de
estériles polémicas, teniendo únicamente en la
mente la voluntad de Cristo
para su Iglesia».
De este modo, volvió a poner sobre el tapete la sugerencia de
discutir
seriamente la manera en que es ejercido el primado pontificio. «Por
lo que
se refiere al ministerio del obispo de Roma, pido al Espíritu
Santo que nos
done su luz, iluminando a todos los pastores y teólogos de nuestra
Iglesias, para que podamos buscar juntos las formas con las que este
ministerio pueda realizar un servicio de amor reconocido entre unos
y
otros», afirmó el Papa. Con palabras emocionadas, añadió:
«Queridos
hermanos, no hay tiempo que perder».
Su exhortación se hizo más emotiva aún, cuando
poco antes de finalizar el
encuentro, se le escapó de los labios este deseo: «¡Que
el Espíritu de Dios
nos conceda pronto la unidad visible y completa a la que anhelamos!».
Encuentro con el líder copto-ortodoxo
Ayer Juan Pablo II ya había visitado la sede del patriarcado
copto-ortodoxo, donde se le deparó una acogida calurosa. Ante
una amplia
representación de esta comunidad cristiana, el sucesor de san
Marcos en la
sede de Alejandría, el Papa Shenouda III, dirigió al
sucesor de Pedro un
discurso improvisado, particularmente afectuoso, preñado de esa
profunda
espiritualidad que caracteriza la fe de la Iglesia Egipcia, con casi
dos
mil años de vida. Shenouda III recordó su encuentro en
1973 con el Papa
Pablo VI y la declaración doctrinal conjunta que firmaron los
dos
patriarcas en aquella ocasión: un gran paso en el camino del
ecumenismo,
que en aquellos momentos no fue aceptado por todos los exponentes de
la
Iglesia copta. Juan Pablo II también improvisó su respuesta.
Con una
sonrisa dijo que todos los que han venido con él a Egipto se
sienten en
casa, pues Marcos escribió su Evangelio para los romanos. Marcos
es el
evangelista más cercano a Pedro.
Encuentro con el gran imán de Egipto
Otro momento decisivo del diálogo que ha venido a traer el Papa
a Egipto
tuvo lugar ayer en la tarde, cuando visitó la Universidad de
Al-Azhar. El
cardenal nigeriano Francis Arinze, presidente del Consejo Pontificio
para
el Diálogo Interreligioso, ha cultivado desde hace años
relaciones
estupendas con este foco cultural del Islam. La cordialidad del gran
imán
Mohammed Sayed Tantawi no fue sólo de fachada. Sus afirmaciones
sobre el
valor de la tolerancia en el Islam y su propuesta de colaboración
entre los
creyentes de las religiones para favorecer la paz y la comprensión
entre
los hombres son una esperanza para todos aquellos que piensan que los
grandes conflictos del futuro tendrán lugar entre Islam y Occidente.
Al-Azhar es la mayor autoridad cultural y religiosa del Islam sunní:
y ayer
se declaró claramente contra el integrismo islámico.
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