CIUDAD DEL VATICANO, 2 mar (ZENIT).- El pensamiento de Juan Pablo II
volvió
a dirigirse esta mañana a Tierra Santa, la próxima etapa
de su
peregrinación jubilar, que tendrá lugar del 20 al 26
de marzo, tras la
visita a Egipto, en la que siguió las huellas de Moisés
en el Monte Sinaí.
La oportunidad se la ofreció la audiencia concedida a tres mil
caballeros,
damas y eclesiásticos de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén,
a
quienes recibió en este mediodía en la sala de las audiencias
generales con
motivo de su propio Jubileo que tiene lugar del 1 al 4 de marzo.
«En unas semanas, si Dios quiere, yo también tendré
la gracia de visitar el
Santo Sepulcro --recordó el Santo Padre--. De este modo podré
detenerme en
oración en el lugar en el que Cristo ofreció su vida
y la retomó con la
resurrección, donándonos su Espíritu. Por este
motivo, cuento con vuestras
oraciones».
En el discurso, el Papa subrayó el «generoso compromiso
espiritual y
caritativo» de la Orden a favor de los santos lugares y del patriarcado
latino de Jerusalén, así como por «la valoración
del precioso patrimonio de
testimonios históricos que se conservan en Tierra Santa».
Testimonio que
hoy «mira con nuevo interés la sociedad moderna, tecnológicamente
evolucionada, pero necesitada como nunca de valores y de evocaciones
espirituales».
Juan Pablo II recordó que Pío IX reformó la Orden
en 1847 «para favorecer
la recomposición de una comunidad católica en Tierra
Santa». Aquel
pontífice restituyó a la Orden «su función
primitiva, pero con una
diferencia significativa: la custodia de la tumba de Cristo no sería
confiada a la fuerza de las armas, sino al valor de un testimonio constante
de fe y de solidaridad por los cristianos residentes en los santos lugares».
«Esta es también hoy vuestra tarea», dijo el Papa
a los caballeros y damas,
deseando que la celebración del Jubileo les «ayude a crecer
en la práctica
asidua de la fe, en la conducta moral ejemplar y en la generosa
colaboración con las actividades eclesiales».
En particular, el obispo de Roma subrayó la exigencia de aplicar
«una
interpretación actualizada de la regla de vida» de su
«singular servicio»:
«Para vosotros, como para el resto de los cristianos, es decisivo
redescubrir el Bautismo, fundamento de toda la existencia cristiana.
Esto
exige una cuidada profundización catequética y bíblica,
una seria revisión
de vida y un generoso empuje apostólico. De este modo, estaréis
abiertos al
mundo de hoy sin desfallecer en el espíritu de la Orden, cuya
deseada
renovación depende sobre todo de la conversión personal
de cada uno».
La Orden del Santo Sepulcro se compone de 20 mil caballeros y damas,
repartidos en los cinco continentes. En estos momentos ayudan a cubrir
las
necesidades del Patriarcado Latino de Jerusalén, en especial
de sus
sacerdotes, del seminario patriarcal y de las escuelas parroquiales
que
cuentan con más de 15 mil alumnos. Dirigen también iniciativas
de carácter
social, como la construcción de viviendas, ayudas a escuelas
de formación
profesional, la concesión de préstamos para promover
actividades agrícolas
o artesanales.
La institución nació con el objetivo de defender a los
peregrinos que
emprendían miles de peripecias para visitar la Iglesia del Santo
Sepulcro
de Jerusalén, en 1099, poco después de la conquista de
la Ciudad Santa por
parte de los Cruzados.
Los caballeros y damas celebrarán su misa jubilar en Roma el
próximo
sábado. En la misma participará la Wiener Hofmusikkapelle,
quien
interpretará, bajo la dirección de Riccardo Muti, la
«Misa de Coronación»
de Wolfgang Amadeus Mozart.
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